Mi camino al Mictlán
¿A dónde van los muertos? Descubre el camino hacia el Mictlán, el más allá de la cultura mexica, donde descansan nuestros ancestros
mi camino hacia el mictlán
Imágenes creadas por la IA de Dream

Al principio pensé que me había portado mal, porque mis papás decían que si te portas bien te vas al cielo, como mi abuelita, pero el lugar a donde llegué no se parece mucho; no hay nubes, ni sol, ni es de color azul, de hecho es bastante frío y oscuro y da un poquito de miedo, así es como empecé mi viaje al Mictlán.

Está lleno de gente, pero nadie dice nada, no saludan ni sonríen, aunque la mayoría se ven tan perdidos como yo, pero igual todos van caminando hacia adelante, al río grandotote que se ve a lo lejos. Su sonido me asustaba, pero al mismo tiempo sentía calma, y algo me decía que yo tambíen debía caminar hacia allá.

Mi guía hacia el Mictlán

Emprendí camino, y cuando estaba a solo unos pasos del imponente caudal, tropecé con un bultito y me di de boca contra la tierra fresca de la orilla, pero no me dolió. Igual me paré molesto y dispuesto a patear la piedra que me había hecho caer, pero me detuve de inmediato cuando noté que me miraba.

El pequeño bultito tenía unos bellísimos ojos amarillos que parecían leerme aunque no dijera nada. Se levantó y sacudió la tierra… era un perrito, uno sin pelo, xoloitzcuintles creo que se llaman. Luego se acercó a olfatear y me agaché para acariciarlo.

xoloitzcuintle

Miré hacia los lados y vi que todos los demás también estaban acompañados de otros perritos, pero el mío era el más bonito; tenía una oreja parada y la otra doblada que caía hacia un lado y su lengua de fuera, parecía que sonreía. Me dió mucha gracia cuando le levanté la oreja caída y la otra se dobló, como si no pudieran estar paradas al mismo tiempo.

El cocodrilo en el río

Después de jugar un rato, y de haberme lamido amistosamente las manos y la cara, Xolito -así lo llamé- me indicó con un alegre gesto que era momento de cruzar el río, pero cuando levanté la vista vi a un enorme cocodrilo asomar su cabeza y me dió mucho miedo.

Estaba a punto de darme la media vuelta cuando Xolito me lamió la mano, y con ese gesto el miedo se apartó, de alguna manera supe que, mientras me quedara junto a mi nuevo amigo, todo iba a salir bien.

mictlan

Y así fue, cruzamos el río, sin ningún contratiempo, y aunque pensé que me daría mucho frío al salir, en el momento en que estuve del otro lado, mi ropa se había secado por completo, así que Xolito y yo continuamos caminando.

Los montes que chocan

Empezaba a extrañar a mamá y a papá, la última vez que los ví estaban muy tristes, mirándome con preocupación en la cara, pero me dijeron que todo iba a estar bien, y hasta ahora tenían razón.

En eso estaba pensando, sin fijarme en el camino, cuando el cachorro se detuvo de golpe a mis pies, haciéndome tropezar otra vez. Estaba a punto de reclamarle por su travesura cuando de la nada los dos montes frente a nosotros se cerraron de golpe, chocando y emitiendo un estruendo horrible. ¡De no haber tropezado habría sido aplastado!

Esperamos unos minutos, aunque cuando volví a ver a mi amigo este ya se veía bastante mayor, pero seguía siendo tan bonito como siempre.

mictlan

De pronto, las montañas se volvieron a abrir y Xolito comenzó a correr. Lo seguí a toda prisa, temeroso de perderlo -y de que las montañas me fueran a aplastar-. El camino era largo y la verdad yo nunca fui muy bueno en deportes. Cuando jugábamos fut en el recreo, yo siempre era de los últimos en ser elegido porque me cansaba rápido.

Pero justo cuando comenzaba a pensar que no lo lograría, el camino se abrió dando lugar a una extraordinaria visión: un monte negro como la noche, de la misma piedra que la punta de la flecha que me compró papá en Teotihuacán, se alzaba frente a nosotros, cubierto de filosos pero bellísimos pedernales que centelleaban con una luz púrpura que nunca logré distinguir de donde venía.

La montaña de obsidiana y la tierra de hielo

Era hermoso, pero imponente, y casi daba ganas de girarme y volver, pero entonces las montañas detrás de nosotros se volvieron a cerrar, y no hubo de otra que emprender camino entre las afiladas rocas. Por suerte, soy bastante pequeño, pero de tamaño, porque de edad si que soy un niño grande, la semana pasada cumplí 9 años, así que ya estoy en edad de ser valiente.

mictlan

Xolito parecía conocer el camino, así que lo seguí sin dudarlo, y en menos de lo que imaginaba llegamos al otro lado, sin un solo corte. Ahora estábamos en un lugar muy frío, cubierto de nieve y hielo, y con un viento horrible que me desgarraba la piel. Me imagine que era un explorador en el ártico acompañado de mi noble perro esquimal y emprendí el camino a pesar del viento.

El camino suspendido y los jaguares amables

De pronto, se detuvo el viento y desapareció la nieve. De hecho, desapareció todo; Xolito y yo empezamos a flotar, ahora éramos dos astronautas en una excursión a la luna.

Así llegamos a un amplio camino suspendido en medio de la nada. Por encima volaban flechas de un lado para otro, y aunque sí que soy un poco chaparrito, mejor pasamos agachados para no tentar la suerte.

jaguares

Al otro lado, nos esperaban 2 enormes jaguares, pero no me dieron miedo, de alguna forma supe que no me iban a lastimar. Se acercaron lentamente olfateándonos, y de pronto uno saltó hacia mí, pero no me lastimo, solo me lamió en el pecho, como saboreando mi corazón, para asegurarse de que fuera bueno, me miró con sus enormes ojos y se apartó de la misma forma en la que vino. Con un ligero ladrido, Xolito me indicó que era momento de seguir.

El último tramo hacia el Mictlán

Más adelante, encontramos otro río, pero este era mucho más imponente que el primero. Era de color negro y se agitaba como cuando fui a la playa y no me dejaron meterme al mar porque el agua estaba muy picada, sea lo que sea que signifique.

Nos costó mucho trabajo llegar al otro lado, y cuando lo hicimos estaba exhausto. Miré a mi perrito que ahora ya parecía todo un xoloitzcuintle adulto y entendí que el viaje había tomado más tiempo del que creí, pero eso ya no importaba, habíamos llegado al final del viaje.

mictlan

Un señor y una señora ataviados con elegantes vestidos y joyas me recibieron con una sonrisa en la cara y me dijeron:”has llegado al Mictlán, es momento de descansar”.

Me acordé de mamá y papá, cuando me daban las buenas noches. Pensé que todavía los quiero, pero ya no había por qué extrañarnos, ya volvería en un año, cuando me pongan la ofrenda como la que le poníamos a la abuela cada Día de Muertos, pero por ahora es momento de descansar.

    Entrevista a la Catrina - Chula Gula
    November 2, 2023

    […] Conoce también Mi camino al Mictlán […]

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    Gastrónoma de profesión y sibarita empedernida por decisión. He escrito mis vivencias en torno a la comida en diferentes medios especializados de gastronomía por más de diez años y confieso que ¡me ha encantado!

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