Tudor: la historia del rey del hielo

Texto de Juan Pablo Aranda

Tudor, el rey del hielo
Foto de Myriam en Pixabay

Los productos que se comercializan alrededor del mundo pocas veces tienen un impacto real en las personas por el tiempo que han estado presentes en sus vidas, entre ellos está el hielo y su interesante historia. 

Los cubos de hielo son un claro ejemplo de cómo la simpleza pasa desapercibida, pues únicamente basta con tener un molde, agua y un congelador para crearlos. Pero la historia de las bebidas frías es una crónica que se remonta a la antigüedad; fue el innovador comercio de “agua congelada” de Nueva Inglaterra a la India, a mediados del siglo XIX, el catalizador que popularizó el hielo.

El impulso visionario de Frederic Tudor

Desde la Roma del siglo I hasta el emperador mogol Humayun en el siglo XVI, el hielo se utilizaba para enfriar bebidas y preservar alimentos, que regularmente estaban reservados para la élite. Incluso se atribuye a Nerón la invención del cubo de hielo y la refrigeración del agua. 

Por otro lado, en la Florencia del siglo XVII, la familia Medici organizaba extravagantes fiestas con hielo. Sin embargo, hasta principios del siglo XIX, solo los ricos disfrutaban de los efectos refrescantes del hielo.

Tudor, el rey del hielo
Foto de Osman Rana en Unsplash

Todo cambió con Frederic Tudor, un empresario americano nacido en Boston, Massachusetts, quien tuvo la idea de recolectar hielo invernal de los estanques y ríos de Nueva Inglaterra y envolverlo en heno para así exportarlo por primera vez a la colonia francesa de Martinica, donde se utilizaba para enfriar bebidas, conservar alimentos y bajar la temperatura de los enfermos que padecían fiebre amarilla.

A pesar de un fracaso inicial al intentar vender 130 toneladas de hielo en la isla caribeña de Martinica en 1806, las cuales se derritieron en su mayoría, Tudor perseveró. Al año siguiente embarcó 240 toneladas de hielo a La Habana, contemplando las pérdidas por el derretimiento. Con el tiempo, se aseguró que se construyeran recintos en los que se pudiera conservar el hielo, descubriendo que el aserrín, más que el heno, evitaba que se derritiera. 

Es entonces cuando se asocia con Nathaniel Jarvis Wyeth, uno de sus proveedores, quien inventó un método que consistía en marcar surcos en el hielo con cuchillas creando líneas paralelas de 10 centímetros de profundidad en su superficie; se perforaban agujeros para que las sierras pudieran cortar los bloques en una medida de 60×60 centímetros.

La expansión hacia la India: un hito histórico

En 1833, Tudor envió hielo a Calcuta en el barco Tuscany, demostrando su viabilidad comercial. Esta hazaña llevó a la construcción de casas de hielo en Bombay, ampliando la demanda más allá de los británicos y los parsis. El comercio de hielo con la India se convirtió en una empresa lucrativa para Tudor, generando beneficios estimados en $220,000 en 1853.

Hielo
Foto de Sebastian Nikiel en Pixabay

Las estructuras construidas para el comercio aún perduran. La Casa Vivekananda en Chennai es un testimonio de la ingeniería, mostrando cómo el hielo se almacenaba con eficiencia. El impacto global de Tudor no se limitó a la India; su hielo llegó a lugares como Singapur, Jamaica, La Habana, Nueva Orleans y Hong Kong.

La caída del rey de hielo

A pesar del éxito inicial, la competencia creció y la invención de máquinas de hielo por John Gorrie marcó el declive del mercado del hielo natural. Tudor Ice cerró en 1887, pues la contaminación de los lagos de Nueva Inglaterra también afectó el negocio.

Hoy por hoy, el hielo es uno de los elementos indispensables de la vida cotidiana pero también es básico en la coctelería y la gastronomía; y todo ello se lo debemos a este visionario, al rey del hielo, Tudor. 

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